El impacto de la vida intrauterina y el nacimiento
Durante los nueve meses de gestación, el bebé no es un sujeto pasivo. Al estar dentro del útero, se encuentra inmerso en el campo de conciencia y energía de la madre. Esto implica la existencia de una conexión de onda cuántica que permite al feto percibir los pensamientos, emociones y deseos de la madre como si fueran propios. Además, ante situaciones de rechazo o conflictos familiares, el feto puede tomar decisiones inconscientes para tratar de sobrevivir. Por ejemplo, si los padres esperaban un varón y nace una niña, esta puede decidir «portarse bien» o anular su parte femenina para ser aceptada, patrón que perdurará durante toda su vida.
Si la madre sufre malos tratos o vive situaciones límite, esto puede afectar negativamente al alma del futuro bebé, ya que una parte de su energía puede quedar atrapada en ese dolor, lo que se manifestará años después como angustias inexplicables.
El objetivo de una sesión de regresión es hacer consciente lo inconsciente para integrarlo y trascenderlo. Al revivir la vida intrauterina en un estado expandido de conciencia, el paciente puede darse cuenta de cómo le influyeron las vivencias de su madre durante la gestación y discriminar los estados emocionales y pensamientos limitantes de su madre que él adoptó inconscientemente mientras estaba en su vientre.
El Trauma del Nacimiento y su Relación con Vidas Pasadas
El nacimiento es, en muchos casos, la experiencia más estresante de la vida, que determina nuestra pauta básica de sobrevivencia. Como se puede observar durante la práctica de la terapia regresiva, el nacimiento suele reactivar traumas de muertes anteriores por analogía. Por ejemplo, una circular de cordón puede reactivar el recuerdo de una muerte por ahorcamiento o estrangulamiento, mientras que el paso dificultoso por el canal vaginal puede reactivar la memoria de haber quedado atrapado en el derrumbe de una mina o un lugar estrecho.
En el caso de nacimientos por cesárea con anestesia general, suele producirse una desconexión total y repentina entre madre e hijo, dejando al bebé con una sensación de soledad y abandono profundos que pueden acompañarle durante toda la vida. Afortunadamente, esta práctica se realiza con muy poca frecuencia.
La sesión de terapia termina con el corte simbólico del cordón umbilical, que libera al paciente de la simbiosis y dependencia emocional con la madre para comenzar una nueva etapa con mayor libertad y conciencia para vivir con plenitud.